NOVENA DE LAS TRES AVEMARIAS PARA HALLAR CONSUELO, PROTECCIÓN Y TRANQUILIDAD


Queridos hermanos de Yo creo en Dios, que la paz de nuestro Señor y la gracia de nuestra amada Virgen María, estén con todos ustedes en este nuevo día.

Tal vez muchos desconocen que la paz y la alegría de la que se llena el corazón por encontrar refugio y consuelo en nuestra Virgen María es infinita, sabiendo que el Padre Eterno la dotó con los tres principales atributos que son: el poder, la sabiduría y el amor.

Santa Matilde, religiosa benedictina, suplicó a la Santísima Virgen que la asistiera en la hora de su muerte. La Virgen María la escuchó y aceptó gustosa, le dijo que si pero que por su parte ella le rezara tres Avemarías diarias en su honor. Desde ese momento, esta promesa se extendió en beneficio de todos los que decidimos ser devotos de nuestra amada María, siendo muchos los testimonios de sus milagros y de su protección.

Es por este motivo que en esta ocasión te traemos esta bella oración de las tres Avemarías a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Señora nuestra, para honrarla y para alcanzar algún favor especial por su mediación.

Has esta oración durante nueve días seguidos como siempre, con mucha fe, devoción y amor de tu corazón, para recibir todas las bendiciones de Virgen Santa.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

María madre mía, consuelo de la humanidad, líbrame Señora, de caer en pecado mortal, y por favor ampárame y guíame hacia las bendiciones de nuestro Padre Celestial.

Quien a ti ferviente clama halla alivio en su pesar, pues tu nombre es luz y derrama gozo y bálsamo sin igual. De sus gracias, tesorera te nombró tu redentor, con tal madre y medianera nada temas pecador. Pues te llamo con fe viva, muestra Madre tu bondad y a mi vuelve compasiva tu mirada de piedad. Hijo fiel quisiera amarte y para ti solo vivir para darte buen consuelo, buena vida y buen morir. Del Eterno bendiciones por fin logré disfrutar y contigo amor y auxilios para siempre recordar.

Por tu promesa de amor madrecita mía, virgen poderosa, Madre de Misericordia y trono de sabiduría, tendré tu auxilio durante toda la vida y tu especial asistencia a la hora de la muerte, me presentaré entonces en esa hora final con el brillo de una belleza tal, que con sólo verme me consolarás y me transmitirás las alegrías del Cielo.

Haz ahora la primer Ave María por el poder que le concedió el Padre Eterno a la Santísima Virgen María. Pídele que por su misericordia te asista llenándote de fortaleza sobre todo en los momentos de angustia e intranquilidad.

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Acuérdate ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha escuchado a nadie decir, que ninguno de los que han acudido por tu protección, o implorado tu asistencia o solicitado tu socorro, no haya recibido tu auxilio. Por eso con ánimo y confianza, a ti yo también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y aunque gimiendo por el peso de mis pecados, con la frente en alto me atrevo a aparecer ante tu presencia soberana, para pedir tu auxilio. No deseches por favor, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclina a ellas tu mirada y atiéndelas de manera favorable.

Amada madre, en este día te pido me des la fe y la sabiduría que nuestro Padre te dio, para que seas tú la que me las concedas y así poder tener una vida más tranquila y esperanzadora.

La segunda Ave María por la sabiduría con que le adornó Jesús, al elegirla como su Madre. Pídele a nuestra Virgencita bella que llene tu alma de fe y de sabiduría.

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Excelentísima  Virgen María, madre mía y de la humanidad entera, te pido tu gran protección, que donde quiera que yo vaya, tú estés a mi lado, amparándome de todo mal y peligro, alejando todo enemigo y toda mala influencia de mi vida, resguardándome ante toda catástrofe material y ante todo ataque de las fuerzas del mal.

Poderosa Señora, yo confío en ti, por eso así como el Espíritu Santo te ha llenado de las dulzuras de su amor, y te has convertido en la más dulce y misericordiosa, por tu inmensa bondad te pido que algún día, cuando nuestro Dios lo tenga dispuesto, me asistas en el instante de mi partida, para que mi alma se llene de suavidad y de tu amor divino, y que toda pena y amargura se cambie por ti en gozo y felicidad, así sea.

La tercer Ave María Por el Amor que le concedió el Espíritu Santo a la Santísima Virgen María, pídele a nuestra amada virgen su bendita protección en todos los momentos de tu vida.

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

AMÉN +

Ahora has un Padre Nuestro y un Gloria.


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